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viernes, 25 de enero de 2019

OPINION: Peligrosa confesión la del Presidente..."El Internacional"




Por Félix Betances


 
El hablar siempre ha sido importante para aquellos que tienen la facultad de hacerlo ya sea en forma oral, escrita o a través de señas o sonidos; en todo caso, lo más satisfactorio es el resultado de poder comunicar lo que se quiere, en la forma deseada y en el momento oportuno.

Sin embargo, es bueno destacar que lo más importante de todo, es tener control y plena conciencia de lo que se quiere comunicar y poder hacerlo en el momento oportuno, de manera que nos permita alcanzar los objetivos deseados.

Es bueno destacar en consecuencia, que una cosa es cuando se habla de manera espontánea, es decir de cosas de las que uno desea hablar y otra muy diferente es cuando se habla en forma compulsiva, no planificada o bajo alguna forma de presión o represión.

Las reglas de la conversación aconsejan que debemos escuchar más y hablar menos o que por lo menos, debemos hablar no más de lo necesario, cuidando siempre lo que decimos.

Si llevamos esta reflexión a la situación del manejo conversacional del Presidente Danilo Medina, fácilmente se puede decir que es una persona de poco hablar ya que ha habido situaciones en las que se la población se ha quedado esperando sus mensajes o reflexiones, ante momentos que quizás lo han exigido y todo se ha quedado en un simple deseo.

Es observable en cambio, que en los últimos días, este ha sido muy locuaz, llegando a causar sorpresa en quienes siempre han estado deseosos de escucharlo.
En sus últimas conversaciones, el Presidente Medina ha dicho cosas que pudiera pensarse no ha debido decir, aunque se entienda que han sido producto de circunstancias; tal y como es el caso de atribuir el aumento de la delincuencia al alto número de dominicanos deportados desde el exterior, aunque todo el mundo sabe que ese es solo un eslabón de la cadena.

Recientemente el Presidente Medina declaró que a causa del cúmulo de trabajos y cosas pendientes, olvida cosas que promete como soluciones a peticiones elevadas en sus visitas sorpresas que realiza semanalmente a distintos campos y lugares del país y confesó en consecuencia, que muchas de esas promesas no se cumplen o se retrasan, porque no tiene quien se las recuerde.

Quizás el Presidente fue sincero en exceso al manifestar eso y se entiende que debió ser un poco receptivo al decirlo ya que por un lado, puede entenderse que ese esfuerzo no es del todo tan importante o prioritario y por el otro lado, puede pensarse que sus asesores; ministros y demás que le acompañan en esos recorridos, o son muy malos asesores, o pura y simplemente no saben interpretar el sentir que para el Presidente tiene, el sacrificio de desplazarse por todo el país, especialmente en momentos en que pudiera estar descansando junto a su familia, especialmente en los fines de semana.

Debe entenderse que la palabra empeñada de un presidente, debe ser algo sagrado y que salvo justificaciones, debe ser cumplida en la medida de lo posible y con la mayor rigurosidad, para evitar algo que se denomina como: pérdida de la credibilidad.

¡Señor Presidente, si esos funcionarios no funcionan, a usted no hay que decirle lo que debe hacer con ellos!.

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