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sábado, 14 de septiembre de 2019

OPINION: 2da. CARTA A JUAN PABLO. "El Internacional"

Por Justo Luperón

Querido Padre de todos los dominicanos:

En el transcurso del año 2005, precisamente para la fecha –
semana del 21 al 26 de enero- durante la que los fervorosos dominicanos y los amigos de otras latitudes, etnias y allegados a los principios sacrosantos de: “Dios, Patria y Libertad”, se unifican en cuerpo, alma, corazón y mente para rendirte insustituible homenaje, merecido -!vaya que sí: MERESIDISIMO!- por tu entrega absoluta; he llegado ante tu acrisolada memoria, muy dentro de mí, como un altar precioso, con devoción y pleitesía en esta sincera entrega por vez segunda, de forma ardorosa, misiva de amor filial.


Tus inmarcesibles pautas/. Tus ejemplos, agigantados, multiplicados con el fruto de esa siembra en las generaciones sucesivas; prolongados sin fin en vuelos raudos de tiempo no soslayado, sino: Refulgente de manera perenne, es divisa clara, preciosa de sostenimiento como inspiración inequívoca impulsadora de generar cambios diferentes al caos que padecemos hoy, como ayer, para salvar las generaciones emergentes y podamos, al fin, los dominicanos darnos el respiro de cordura, honestidad, probidad y respeto a la dignidad de la nación que anhela y demanda el presente: El Imperio de ser familia. Identidad “Pura y Simple” como bien soñó usted, luchando con brío, sin importar el escarnio sufrido; el ostracismo impuesto por tus gentes del ayer bochornoso.
Recordamos, según relatos engarzados a través de la memoria colectiva con el hilo imperceptible del tiempo que: “Mientras no se escarmienten a los traidores como se debe, La Patria y los buenos dominicanos serán víctimas de sus maquinaciones”
Y así las cosas. La misma “batahola”
En lo político: Un Desastre. Mal de tiempo –dice un cristiano no confesado (?)- . Pamplina. Cara dura e irresponsabilidad de muchos –muy larga la lista de etc.-. Para qué hablar. Sólo de recordarlo el corazón se espanta. Se agita tal como en ese instante, cuando te contaba, de cómo la política mal orientada, carente de la esencia prístina de hacer valer el don de gente, ha seguido torpedeando tu obra redentora. Y no me refiero al concepto del cual usted habla sobre lo que, a su preclaro juicio, debe ser la política, cuando usted, tocado por el hado prodigioso de la sabiduría, afirma sin tapujo: “La Política es la ciencia más pura, después de la filosofía”.
No. De ésa ni hablar. Me refiero, querido y respetado Padre de la Patria, al derrotero amargado, transitado por “gavilleros” –éstos sí son el verdadero acertijo- enquistados en las esferas de gobierno en franca componendas de todas layas; corruptelas al granel; trasiegos de chuecas influencias cada vez crecidas en demasía; adulteración de poderes trastocados en burdo fingimiento de visos legales por deformados agentes leguleyos, en infiel maridaje con los estamentos de justicia, que ha roto la sotana y dejado caer la venda, echando de lado la balanza para imponer la espada a espaldas del “derecho de gente”. El soborno vigente campea por sus libres fueros en las amplias salas del deshonor que amamanta a modernos vampiros del erario público.
Hasta metidos están en ruidosos cascabeles, pregonando a los cuatro puntos cardinales el contenido de sus cargas de fardos, simulando “Cajas de Pandoras”. Traen en los mismos, el nefasto veneno para nuestras sociedades y sus miembros más vulnerables: Jóvenes y hombres y mujeres sorprendidos en su buena fe.
Desorientados y sin ayuda de sus gestores obligados por deber y mandato. Por doquier, inmisericorde, está el flagelo del mal de siglos que inició sus correrías devastadoras por las rutas del Opio, hasta llegar, después de tantos siglos a este XX1, conteniendo, vigente, estas taras a las que las autoridades obligadas parece no encontrar el punto justo y detener su avance ya coronado por sicarios de corte moderno y bandas profusamente armadas y aprestos marciales.
! Oh! Juan Pablo. Mi carta anterior quedó detenida por la muralla que la impunidad erigida sin obstáculos, sigue permeando sus aviesas intenciones.
Ahora el presente, desorden e irresponsabilidad, confesión de partes, deja perplejo los enunciados de la misiva que anteriormente le hice llegar/.
Es como si la raíz de ese mal de generaciones, se alimentara de insospechadas corrientes de aguas frescas, circulando fluente y protegida por el subsuelo de nuestras instituciones representativas en lo moral y la decencia.
Pero aún tenemos un hálito de esperanza, querido Maestro. Aún creemos en la esencia de lo que exclamó virilmente su discípulo Francisco del Rosario Sánchez, “Hay Patria. !Viva la Rep. Dominicana”.
Un norte luminoso cruzará de Oriente a Occidente, señalando con firme verticalidad tu pensamiento prudente, determinante, contundente.
Ejemplo, este enunciado; buenas nuevas renovadas; irrestricto. Pleno de hombría, humildad y vigor reverdecido en sus matices, porque el tiempo lo alimenta en su simiente y del surco brota la conciencia estos hijos tuyos, hombres y mujeres, robustos. Preñados de la salud óptima que brinda el amor a la Patria. Y mancomunados, unánimes, con los tocados por los conceptos de los fueros libertarios que desde “Cataluña” le inspiraron, marchamos ya en pos del estandarte del cambio irredento que tus principios morales anunciaron y nosotros seguimos.
Hoy lo he vuelto a reafirmar, Padre de la Patria”: “Necesitamos, no un general que se case con la gloria. No. Si no, todo un pueblo que se apropie de tus aprestos marciales del general eterno y se disponga a seguir la marcha rumbo al insospechado, rutilante e inconmensurable porvenir por ti ha tiempo señalado, hace 170 años. Ya. Es la hora.
!VIVA LA REPÚBLICA DOMINICANA!

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