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sábado, 21 de marzo de 2020

Opinión: Mis recuerdos en tiempos del Corona Virus. "El Internacional "

Por Alejandro Santana 
La noche del viernes 20 de marzo, regrese a mi vivienda a las siete de la noche, sin minutos mas ni minutos menos, a las siete, me fui directamente a mi aposento, alrededor de una hora viendo tv, y luego a dormir, hasta que  a la una de la madrugada un vehículo con una música, encendida me despertó.. ese desafiaba el toque de queda,Dios lo libre de un encuentro con los guardias …
Era mi primer toque de queda, luego de ser adulto, debo decir que ya había vivido unos dos toques, decretados, es posible que viviera, algunos otros más, en el trayecto de los primeros 12 años del doctor Joaquin Balaguer, donde la guardia imponía los toques de queda a su antojo.
Contaba 16 años, era el mes de abril, esperaba mi cumpleaños, 16, sería el 24, días antes estalló la Revolución de abril, es decir que cuando esta alcanzó su momento más bélico, cumplí esos 16.
No estuve en la escena de combate, por ser menor de edad, aunque lo intenté, junto a otros jóvenes que tratamos subidos en un camión que partiría del parque central de mi natal Barahona.
No pudimos partir hacia la ciudad capital, para unirnos al combate, fuimos bajados del camión que de acuerdo a mi memoria pertenecía al señor Teseo Ramirez.
Cuando todo estaba listo, llegó el doctor Noé Sterling Vasquez, que era legislador, regresaba de la capital y le hizo saber a quien organizaba nuestra salida, que no llegaríamos lejos porque todo el trayecto estaba vigilado por la guardia. Se frustro nuestra primera aventura guerrera.
Luego de esa noche los jóvenes, nos dedicamos a crear situaciones de provocación  contra los militares, pese al toque de queda decretado, salíamos en horas de la noche desafiando hasta las balas, recuerdo que muchos ciudadanos sorprendidos en las calles fueron golpeados por los guardias.
Yo vivía en la calle Donantes, esquina Trinitaria donde había nacido, mi abuela tenia dos casas en ese sector de Villa Estela una tenia su frente para la Donantes, la otra para la Trinitaria, yo dormía en la de la Trinitaria 52 y me escapaba temprano antes del toque de queda para juntarme con mis amigos de la época.
Salia de la Donantes, bajaba hasta la General Cabral, hasta el mercadito y allí nos concentrábamos, para desafiar el toque de queda, fueron muchas las veces que nos corrieron,pero nos escapábamos por un callejón de la calle General Cabral,próximo a la calle doctor Leguen.
Por el callejón de la casa de los padres de Fernando Petró, era nuestra fuga, para la fecha yo tenia una bicicleta calibre 38 y salia a dar vueltas, era lo que decía a mi difunta abuela.
Todo era muy divertido, correr a la guardia que montados en camiones patrullaban la ciudad y cuando alcanzaban a ver  grupos de jóvenes los corrían.
Recuerdo mi primera noche de pánico, cuando trataba de llegar a la cita con la muchachada, al bajar la Donantes y enfocar o doblar a la calle General Cabral. ahí. venia la guardia, me devolví raudo, montado en mi bici…
Mi abuela tenia una paletera en la esquina de la Donantes con Trinitaria, doble a gran velocidad, gracias que encontré el callejón abierto , que para entonces estaba entre la casa de la Donantes y la de la Trinitaria.
Ya en el patio de la casa tropecé con una mesa vieja, me fui de bruce, no me pude parar, pero gateando llegué, a un solar sembrado de yerba de guinea, la cual mi abuela vendía a dueños de caballos,(el transporte para la época era de carretas halada por esos equinos).
Debo decir que me escondí entre las matas de yerbas, donde viví momentos de mucha angustia, pues los militares se tiraron del vehículo y entraron detrás de mi…Escuchaba los gritos de ellos, porque ya no era yo solo los que estaban en la esquina cuando vieron la guardia también salieron corriendo hacia el solar.
Allí agachado con las manos en la boca y nariz para que no escucharan respiro y latidos de mi corazón,llegó uno de esos militares y descanso su fusil en una de mis rodillas, pero no se dio cuenta de mi presencia.
Debo apuntar que en ese momento viví los minutos o tal vez  segundos mas angustiosos, pero él no notó mi presencia…En ese corto tiempo en que estuvo a mi lado, me salvo la voz de uno de ellos que llamó a la retirada diciendo que se habían ido por los patrios aledaños.
Se fueron,. pero no salí de mi escondite, el pánico no me lo permitió, una señora que vivía dos casas más abajo de la de mi abuela, llegó donde ella, a preguntar si me habían agarrado, pero mi abuela no se había dado cuenta que yo le había pasado por el lado montado en mi bicicleta.
Doña Bubun, que así se llamaba la vecina, entró al solar sembrado de yerba y me sacó de mi escondite, me tomo de la mano y me condujo hasta donde mi abuela, estaba pálido y el pantalón mojado y sabe Dios si hasta cagado.
Debo decir que a partir de ahí no salí a las aventuras de las noches en esos tiempos de queda, sólo me juntaba con mis amigos en las mañanas.
Fuí el más casero hasta que todo se compuso.Aunque debo decir que cuando regresaron los Constitucionalistas viví otra aventura que es posible que también cuente porque en estos días del Corona virus, esos momentos han llegado a mi mente.

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