El arte de manejar dos profundas crisis y dos transiciones. "El Internacional" - Osvaldo Rocha Internacional.Com

Breaking

martes, 12 de mayo de 2020

El arte de manejar dos profundas crisis y dos transiciones. "El Internacional"

Por GEDEÓN SANTOS
@GedeonSantosR

Santo Domingo, RD.-La República Do­minicana está en una compleja transición al de­sarrollo, en un momento en el que la hu­manidad es estremecida por una pandemia cuyas conse­cuencias podrían ser catas­tróficas para nuestro país. Ese desafío junto a los no re­sueltos problemas del sub­desarrollo, de seguro de­mandará de líderes que sean capaces de comprender, en­frentar y superar las comple­jidades que nos trae el siglo XXI. Ya en el pasado recien­te nuestro país tuvo que en­frentar dos profundas crisis y dos transiciones que gracias a la calidad del liderazgo, pudimos salir airosos. Por lo que de cara a los procesos presentes y por venir resul­taría beneficioso escudriñar nuestra historia contempo­ránea para que nos arroje luz en un momento en el que estamos abocados a decidir la suerte del país.
La transición a la era post Balaguer
El primer gran desafío de nuestra historia reciente fue superar la era del doctor Joa­quín Balaguer e iniciar la nue­va etapa dominada por el Partido de la Liberación Do­minicana. El éxito en manejar una etapa de transición con­siste en saber administrar, sin mayores traumas, el cierre de un ciclo histórico y la apertura y construcción de uno nuevo, así como en saber conciliar los intereses de lo viejo que se re­siste a morir, con las aspiracio­nes de lo nuevo que presiona por nacer.
Así, gracias a los cambios y a las transformaciones he­chas, logramos pasar: del pre-modernismo a la moder­nización, del aislacionismo a la integración, de la era de los desequilibrios a la estabilidad, del crecimiento inconsistente al crecimiento sostenido, del estancamiento democrático a las reformas institucionales, de servicios públicos precarios a la modernización del Esta­do, etc. Es decir, el proyecto de transición representó una nueva visión del Estado, de la democracia y del desarrollo.
La transición a la post guerra fría y a la globalización
La transición post Balaguer coincidió en el tiempo con otras dos complejas transi­ciones: la transición a la post guerra fría y a la globaliza­ción. La complejidad de es­tas dos transiciones se debió en primer lugar a que por ser acontecimientos que tenían su origen en la escena inter­nacional, no eran controlables por un Estado pequeño y en vías de desarrollo. El fin de la guerra fría y la globalización trajeron consigo la liberaliza­ción de los mercados, nuevas formas de movilidad del ca­pital, las comunicaciones ins­tantáneas, nuevas formas de competencia entre empresas y naciones, crisis en las ideolo­gías y un nuevo equilibrio pla­netario de poder.
Todo lo anterior impulsado por los más fascinantes cam­bios tecnológicos conocidos por la humanidad. Todo es­to hizo que el liderazgo de la transición tuviera que enfren­tar problemas nuevos como la interdependencia, la cri­sis de los nacionalismos, nue­vos paradigmas económicos, nuevos medios y formas de comunicación, nuevos recla­mos medioambientales, nue­vas demandas sociales, nue­vos desafíos institucionales y nuevos paradigmas políticos e ideológicos. Todos lo anterior en medio de las convulsiones de un cambio de fin de siglo.
La superación de la crisis del 2003
La del 2003 fue una crisis fi­nanciera a la que se superpuso una crisis de confianza genera­lizada. Esta crisis hizo retroce­der todos los índices que mar­can la salud de una economía y una sociedad: inflación, de­valuación monetaria, caída del crecimiento, caída del PIB per cápita, retroceso en la inver­sión, aumento del desempleo, caída del consumo, aumento de la inseguridad ciudadana, aumento de la pobreza y dete­rioro de todos los marcadores sociales. Luego de importantes avances, nuestro país retroce­dió casi a los niveles de los años ‘90.
Salir de las profundidades de la crisis era una titánica ta­rea que requería condiciones extraordinarias que implica­ban: 1) una clara compren­sión de las razones de la cri­sis, 2) un plan diseñado para enfrentar las causas y los efec­tos, 3) un equipo capaz de eje­cutar con prontitud y eficacia las nuevas ideas, y 4) el sopor­te de la fuerza y la mística de un partido como el fundado por el profesor Juan Bosch. Y efectivamente, el plan ejecu­tado dio los resultados espe­rados y el país pudo salir de las profundidades de la de­presión. La capacidad de co­municación fue un factor cla­ve para devolver la confianza. La consigna “e’palante que vamos”, renovó la fe y la con­fianza de los dominicanos en el futuro del país y de su eco­nomía. Aunque quizás, la ma­yor grandeza estuvo en la ha­zaña de superar esa crisis en medio de la mayor alza de los precios del petróleo conocida en la historia de ese hidrocar­buro.
La superación de la crisis internacional de 2008
La del 2008 fue una crisis fi­nanciera originada en los Es­tados Unidos que se propagó por todo el mundo dejando a su paso: quiebra de bancos, caída del crecimiento y del PIB, aumento del desempleo y de la pobreza y crisis políti­ca y social. Esta crisis tenía el potencial de catastrófica pa­ra nuestro país debido a la amplia dependencia que te­nemos de la economía esta­dounidense, sin embargo, se tomaron las medidas que de diferentes maneras aminora­ron los efectos del contagio: expansión del gasto público, aumento de la inversión, tasa de interés competitiva, incen­tivos a la captación de divisas, atracción de inversión extran­jera, subsidios para aminorar los efectos en el sector exter­no, expansión de las políticas sociales y ayudas a los poten­ciales perdedores de la crisis.
Así, mientras en el resto de la región el contagio fue se­vero, aquí apenas disminuyó el crecimiento, mientras que en otros países la crisis gene­ró cambios de partido y de gobierno, aquí se mantuvo el equilibrio político y se conser­vó el poder; mientras en mu­chos países hubo protestas y convulsiones, aquí hubo paz política y social. Todo logrado en medio de la más severa cri­sis alimentaria de los tiempos recientes. Es decir, el gobier­no dominicano supo conver­tir la crisis en oportunidades que afianzaron nuestro desa­rrollo.
En nuestro recién publi­cado trabajo: “Estadistas vs. Gobernantes Ordinarios”, ar­gumentábamos que “los Es­tadistas son gobernantes ex­traordinarios que sólo surgen en tiempos de profundas cri­sis o en épocas de transición que por lo general implican transformaciones radicales o virajes históricos ya sea pa­ra proteger a una sociedad o para hacerla avanzar”. Y jus­to eso fue lo que hizo el presi­dente Leonel Fernández: pro­teger al país de dos grandes crisis y usar los desafíos de las transiciones para sentar las bases del actual proceso de desarrollo.
Un Estadista probado
Como buen Estadista supo mantener la cohesión del go­bierno, la unidad de su parti­do y equilibrio de la nación. Tuvo el ingenio de crear una coalición de fuerzas políti­cas y sociales que sentaron las bases de una larga gober­nabilidad democrática. Logró transferir el poder al lideraz­go dentro de su propio par­tido garantizando con ello la continuidad del desarrollo y del proceso democrático. Tu­vo la inteligencia y la sensibi­lidad de crear una moderna red de asistencia social, que no sólo servía de mecanismo para mitigar los efectos de la pobreza y la desigualdad, si­no que contribuyó además al mantenimiento de la paz po­lítica y social. A pesar de las adversidades, logró mante­ner en todos sus gobiernos el crecimiento, la estabilidad y la modernización.
Tuvo la entereza democrá­tica de legarnos una Cons­titución que trascendiera la coyuntura y los intereses del momento. En los días más difíciles para la nación, su­po transformar las expecta­tivas de la población y traer de vuelta la esperanza al áni­mo nacional. En sus gobier­nos hubo plena libertad de ex­presión y nunca se coaccionó a nadie por ser opositor o por sus ideas. A su salida del po­der dejó un país cuantitativa y cualitativamente más avan­zado que el que encontró, con transformaciones que senta­ron las bases para los éxitos de los siguientes gobiernos del PLD. La superación de esas crisis y el fino manejo de esas transiciones convierten, sin lugar a dudas, al doctor Leo­nel Fernández en el primer Es­tadista consumado del siglo XXI en nuestro país.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario