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sábado, 2 de mayo de 2020

OPINION: Danilo y Leonel en el péndulo de la constante histórica. "El Internacional"

Por Hector Minaya-elnacional

La contingencia provocada por el coronavirus ha transformado el escenario político en República Dominicana, obligando por fuerza mayor, como alega la Junta Central Electoral (JCE), a transferir del 17 de mayo para el 5 de julio las elecciones en que se escogerán al presidente de la República y los congresistas para el siguiente periodo constitucional.
Si esto ha sucedido y la crisis se complica, alcanzando la pandemia su máxima actividad en el mes de junio, esta situación podría dar un giro favorable al fenómeno de la constante histórica en la política de Estado, que ha tenido la característica de favorecer a los políticos con más de un periodo de ejercicio gubernamental.
Incorporado este mecanismo al proceso, tomando en consideración como se desarrolla el panorama, no se puede descartar que el próximo presidente salga de los que están en esas condiciones, que son el actual gobernante Danilo Medina y el exmandatario Leonel Fernández.
Medina está próximo a cumplir el 16 de agosto ocho años en el poder y Fernández gobernó durante tres períodos constitucionales.
Sin embargo, Danilo está impedido constitucionalmente, pero en política surge cosas inesperadas que ocasionan un cambio en los procesos. Fernández sin ningún obstáculo legal está mejor en el ritmo en la dinámica de la constante histórica. Además, en este proceso electoral es candidato presidencial por Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), la Fuerza de Pueblo (FP) y otras organizaciones.
En efecto la constante historia ha sido un fenómeno frecuente en la vida republicana del país.
Lo real, al margen de las encuestas de posicionamiento y la intención del voto, es que los políticos con más años de ejercicios gubernamentales se han impuesto en el escenario.
Esta situación ha creado un monopolio y ha concentrado el dominio del Gobierno en pocos mandatarios, al punto que en 176 años de vida republicana, siete gobernantes han acaparado 111 años.
Esto no significa que algún político, como es el caso de Luis Abinader, el candidato del opositor Partido Revolucionario Moderno (PRM), favorito en todas las encuestas para las próximas elecciones, no pudiera romper ese marco.
Rompe esquema
Antonio Guzmán, candidato del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), demolió el patrón en el 1978, cuando se impuso sobre el candidato reformista Joaquín Balaguer, quien tenía 12 años en el gobierno.
Igual hazaña logró su compañero de partido Hipólito Mejía en el 2002 al vencer también a Balaguer cuando computaba 22 años de ejercicio en poder.
En el mundo de la política el azar, esa combinación de circunstancias imprevisibles e inevitables, ha jugado un papel importante creando situaciones que muchas veces no tienen explicaciones lógicas y han forjado cambios en los procesos.
Era impensable el pasado 15 de febrero creer que las elecciones municipales del día siguiente iban a ser suspendidas, por fallas técnicas en el voto automatizado. La JCE, el organismo rector de las elecciones, había dado seguridad del buen funcionamiento del sistema automatizado.
Esta concentración del poder en pocos gobernantes es una situación que se ha producido sin variación en diferentes épocas históricas, realidad que ha sido ineludible, quizás por la idiosincrasia del pueblo dominicano.
País providencial
Balaguer, al comentar los rumbos inciertos de nuestra historia, dijo: “la República Dominicana es un país providencial que debe su existencia, desde que la tierra fue hollada por el Descubridor de América, a un principio superior que ha gobernado, como ley ineluctable todos los sucesos, prósperos o adversos que constituyen en conjunto la vida del pueblo dominicano”.
El estadista creía mucho en el azar en vida política dominicana, una realidad que la hemos palpado permanentemente, en la que la suerte termina imponiendo una sola de todas las posibles historias.
Muchas veces, asusta pensar cuántas cosas escapan a nuestro control. Se tiene miedo a reconocer que gran parte de la vida depende de la suerte y la gran mayoría no nos damos cuenta del papel preponderante que juega el azar.
Siempre ha existido ese margen en la fenomenología del proceso histórico dominicano. Esta concentración del poder en unos pocos gobernantes es una tendencia manifiesta y el retorno de los que han sido Presidentes se advierte que no variará en los próximos años.
Para ilustrar realicemos un repaso, comenzando con Pedro Santana con 11 años en el poder. de 1844 a 1848; de 1853 a 1856; de 1858 a 1861, y cuando se produjo la anexión a España pasó a ocupar el cargo de Gobernador con el rango de Capitán General del territorio.
Santana se alternó con Buenaventura Báez, pero éste logró 14 años en la Presidencia: 1849-1853; 1856-1858; 1865-1866; 1868-1873; 1876-1878. Luego el turno correspondió a Ulises Heureaux con igual cantidad de años, 14, en los períodos 1882-1884 y 1887-1899, convirtiéndose en una de las figuras políticas dominicanas más importantes del siglo XIX.
En el siglo XX, en el 1930 surgió la figura de Rafael Leónidas Trujillo Molina, quien dominó la política dominicana hasta su asesinato en el 30 mayo 1961, casi 31 años.
Balaguer, quien fue estrecho colaborador de Trujillo, incluso presidente en el período 1960-1962, volvió a la escena política en 1966 gobernando 22 años, 1966-1978; 1986-1996.
Surge Leonel
En el 1996 surge Leonel Fernández, un joven sin experiencia de Estado, que fue postulado por el Partido de la Liberación Dominicana (PLD). Fernández volvió al Gobierno en el 2004 y logró la reelección el 2008. Entregó la antorcha en el 2012 a su compañero de partido Danilo Medina, quien consigue en el 2016 reelegirse en el cargo.
Esta situación confirma que la vida política aquí se ha desarrollado bajo el influjo de siete gobernantes que en 176 años de Independencia se repartirán 111 años cuando este periodo constitucional terimine.
Ese emplazamiento confirma lo que los historiadores llaman constante histórica, que es algo que se repite en un cierto ámbito a lo largo del tiempo.
Como podemos ver, la historia política nuestra ha sido signada por una competición casi continua por la supremacía entre caudillos, en su mayoría, de convicciones ideológicas autoritarias.
Tradiciones del personalismo, el militarismo y el elitismo social y económico son características de este proceso, unido a décadas de guerras debilitantes, conspiraciones y el despotismo que han drenado los recursos del Estado y minado en ocasiones los esfuerzos por establecer el orden institucional.
¿Es posible la constante historia ante la presencia de protagonistas, Leonel y Danilo? Sin temor a equivocarme, pienso que podría ocurrir.

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